Hace 62 años, un grupo de estudiantes panameños protagonizó un acto que se convertiría en un símbolo de resistencia y orgullo nacional. El 9 de enero de 1964, izaron la bandera de Panamá en la entonces Balboa High School, ubicada en la antigua Zona del Canal, en un gesto cargado de significado que buscaba afirmar la soberanía y la dignidad de su país frente a la presencia estadounidense.
Aquel episodio, que inicialmente pareció un simple conflicto estudiantil, se transformó en la manifestación de un sentimiento nacional que reclamaba respeto, identidad y justicia. La valentía de esos jóvenes, dispuestos a enfrentar la adversidad por el reconocimiento de la bandera y, con ello, de la soberanía nacional, marcó un antes y un después en la historia de Panamá.
Desde entonces, el país ha atravesado profundos cambios políticos y sociales, enfrentando desafíos persistentes como la corrupción y la impunidad, que han debilitado las instituciones y erosionado la confianza ciudadana. Estos problemas subrayan la necesidad de aprender de los errores del pasado y fortalecer un sistema institucional que garantice que la ley y la justicia sean iguales para todos.
Hoy, Panamá enfrenta un momento histórico de gran relevancia: el proceso de alfabetización cívica vinculado a la elaboración de una nueva Constitución. Esta es una oportunidad para reflexionar sobre la estructura del Estado, corregir conflictos de interés y crear incentivos adecuados para construir un país más justo y equitativo.
El 9 de enero nos recuerda que la soberanía y la dignidad nacional no se sostienen únicamente con símbolos, sino con ciudadanos activos, conscientes de su papel en la sociedad y dispuestos a defender un sistema que funcione para todos. La verdadera independencia se construye con acciones concretas que promuevan la justicia, combatan la corrupción y reduzcan la impunidad.
Los estudiantes de 1964 nos enseñaron que la dignidad se defiende con convicción y valentía. Hoy, esa lección sigue vigente como una invitación a reflexionar sobre el país que deseamos construir: una nación libre de corrupción e impunidad. Alcanzar ese ideal exige compromiso ciudadano, vigilancia cívica y disposición a informarnos y participar en los cambios necesarios, incluida la construcción de una nueva Constitución, para que los valores de justicia, igualdad y libertad por los que ellos lucharon se consoliden en la sociedad que todos aspiramos a construir.











