Agentes de la policía fronteriza de Panamá detuvieron este martes a dos costarricenses que intentaban cruzar con un cargamento de licores y otros artículos de contrabando. En total, se les incautaron 4.296 latas de cerveza, víveres y artículos de limpieza, mientras circulaban por Barú de Paso Canoa, provincia de Chiriquí.
Según el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) de Panamá, los ticos, cuyas identidades no fueron reveladas, transportaban el contrabando en un microbús. Fueron detectados durante patrullajes a cargo de agentes del Grupo de Reacción Inmediata Motorizada (GRIM), quienes observaron el carro, que tenía placas costarricenses y un camión con matrícula panameña, mientras hacían el trasiego de la mercancía.
"El monto del decomiso es por $9.000 aproximadamente. Por este caso serán puestos a las órdenes de la autoridad de fiscalización aduanera tres ciudadanos panameños y dos costarricenses", explicó el subcomisionado de Senafront, José Camargo.
Este no es un caso aislado. Según Michael Soto, director interino del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica, en varias ocasiones han detectado que grupos mafiosos dedicados al tráfico de estupefacientes también mueven mercadería de contrabando por las mismas vías que utilizan para transportar sustancias ilícitas.
"Hemos pasado la información a la Policía de Control Fiscal, diciendo, mire, eventualmente podría darse un movimiento, pongan atención en una ruta", señaló Soto, ya que es a ese cuerpo policial al que le corresponde atender este tipo de hechos delictivos.
Además, han documentado casos en que las estructuras delincuenciales que dominan las rutas del narcotráfico obligan a los comerciantes a vender el licor o cigarrillos de contrabando, en especial cuando esas mafias administran pulperías o supermercados, pese a que esos negocios no están a nombre de los cabecillas o integrantes de la organización.
Según Soto, en investigaciones activas que llevan contra bandas de la provincia de Limón y algunas zonas de Cartago, saben de casos en donde han obligado a comerciantes a introducir este tipo de productos mezclados con mercadería formal.
"Han habido amenazas de muerte muy fuertes, hay un caso de una licorera, que no hay denuncia porque la persona nada más dio la información y decidió dejar su local abandonado antes que seguir vendiendo licor y cigarrillos de las estructuras criminales, eso es en el Caribe, la presión era demasiada para que vendiera licor y cigarrillos para el grupo", puntualizó el jefe policial.
Además de los préstamos gota a gota y de la lotería clandestina, el contrabando de licores y cigarrillos es otra forma en que los grupos delictivos financian sus operaciones y lavan activos.
Según datos del Gobierno de Costa Rica, este comercio clandestino transfronterizo representa un 40% del mercado nacional de cigarros, lo que provoca pérdidas millonarias por la evasión al fisco. Cada cigarrillo que ingresa legalmente al país paga 26 de impuestos, y solo en los decomisos realizados en los últimos tres años, Hacienda dejó de percibir 1.432 millones en tributos.












