El consumo de alcohol y drogas, sumado a trastornos mentales no atendidos, está detrás del aumento de la población en situación de calle en ciudades de Honduras, según revelan especialistas.
A plena luz del día, la población en situación de calle se ha vuelto parte del paisaje urbano en ciudades como San Pedro Sula. Detrás de este fenómeno hay procesos prolongados de desgaste emocional, consumo de alcohol y drogas, y trastornos mentales que no fueron atendidos a tiempo.
Según la psicóloga Fabiola Lagos, el estrés no tratado puede derivar en un alto consumo de alcohol, drogas e incluso otras conductas adictivas, lo que impacta directamente en la vida de quienes lo padecen. Este proceso, advierte, golpea la psiquis y abre la puerta a trastornos mentales, generando un deterioro cognitivo, físico y emocional progresivo.
Especialistas coinciden en que el consumo problemático de alcohol y drogas está estrechamente ligado al crecimiento de la población sin hogar. La adicción suele aparecer como respuesta a experiencias de estrés intenso y sostenido, y termina acelerando el abandono del hogar y la mendicidad.
Incluso, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) de Honduras ha detectado casos en los que padres utilizan a sus hijos para actividades de indigencia, una práctica que vulnera los derechos fundamentales de la niñez.
Reconocer el vínculo entre alcohol, drogas y salud mental es el primer paso para devolver dignidad, protección y una salida real a quienes hoy viven a la intemperie. Cada día que pasa sin atención integral, salud mental, tratamiento de adicciones y protección de la niñez, el deterioro se profundiza y la población en calle crece.









