El Refugio Franciscano, un santuario que ha brindado hogar y cuidado a más de 20,000 perros y gatos rescatados en Ciudad de México durante 48 años, fue desalojado de manera violenta y arbitraria por órdenes de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, en contubernio con la Fiscalía General y la Secretaría de Seguridad Ciudadana.
A pesar de existir una resolución judicial que ordenaba la restitución del predio al Refugio Franciscano, las autoridades capitalinas irrumpieron en el lugar con personal armado, sacando a la fuerza a los más de 1,100 animales que allí residían, dejándolos sin un hogar seguro y en grave riesgo.
Según testigos, los animales fueron apilados en camiones cerrados y transportadoras de manera cruel, sin considerar su bienestar y exponiéndolos a altas temperaturas y asfixia. Se teme que muchos de ellos hayan muerto durante el violento desalojo.
La acción de las autoridades fue calificada como "ilegal, arbitraria y de peligro para todos" por activistas y defensores de los animales, quienes denuncian que detrás de este desalojo estarían intereses económicos y políticos de la Fundación Antonio Haghenbeck y de la Lama, IAP, que habría corrompido a funcionarios para quedarse con el predio.
El Refugio Franciscano, conocido por nunca negar la entrada a un animal en necesidad, ha sido el último hogar de miles de perros y gatos maltratados y abandonados a lo largo de casi cinco décadas. Su cierre abrupto deja a estos animales sin un lugar seguro donde puedan recuperarse y encontrar un nuevo hogar.
Organizaciones protectoras de animales y ciudadanos indignados han anunciado acciones legales contra el gobierno capitalino por este violento desalojo, calificado como un acto de "crueldad premeditada" hacia seres sintientes que merecen respeto y protección.












