La Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865) fue un conflicto épico entre los unionistas del norte, que luchaban por abolir la esclavitud, y los confederados-esclavistas del sur. Más allá de las batallas en el campo de batalla, ambos bandos utilizaron la psicología humana como un arma poderosa en su lucha.
Los altos mandos confederados a menudo caían en "trampas de miel", revelando información valiosa a mujeres unionistas que se convertían en colaboradoras involuntarias en la lucha contra la esclavitud. A estos personajes, el líder bolchevique Lenin los definió como "tontos útiles".
El presidente Abraham Lincoln, un brillante abogado y político, lideró la causa unionista y abrazó con fuerza la abolición de la esclavitud, considerándola esencial para que Estados Unidos se convirtiera en la potencia dominante. Lincoln se presentó a la reelección en 1864 con la consigna de que "sin elecciones no es posible tener un gobierno libre".
Por el bando confederado, el más destacado de los esclavistas fue Jefferson Davis, único presidente de los Confederados durante la Guerra de Secesión. Después de la derrota, Davis fue encarcelado durante dos años.
En el campo militar, dos figuras sobresalieron: el general unionista Ulysses S. Grant y el general confederado Robert E. Lee. Grant, un guerrero audaz y estratega hábil, fue uno de los principales arquitectos de la victoria unionista. Logró dividir en dos a los batallones confederados al tomar el control del río Misisipi.
Por su parte, Lee, apodado "el león del sur", era considerado el más brillante de los jefes militares confederados. Sin embargo, su lucha carecía de fuerza ética y finalmente sufrió la derrota ante Grant en Appomattox, Virginia, el 9 de abril de 1865.
Ese día, el general Grant ordenó a su amigo Ely Parker, un ingeniero montañés descendiente de la tribu seneca, que redactara los términos de la rendición confederada, marcando el comienzo del fin de la esclavitud en Estados Unidos.











