El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se enfrenta a una serie de desafíos que ponen en riesgo la conclusión de su mandato en 2027. Consciente de su debilidad parlamentaria, Sánchez ha pedido a sus ministros que busquen propuestas que no requieran la aprobación del Congreso, mientras intenta manejar la crisis de abusos en el PSOE y los coletazos del caso que involucra a miembros de su Gobierno.
La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha generado una oportunidad para Sánchez, quien ha condenado la operación como una violación del derecho internacional. Sin embargo, esta crisis internacional también le obliga a buscar el apoyo del resto de fuerzas políticas, algo que se ha vuelto cada vez más complicado debido a los desencuentros con Junts, Podemos y Sumar.
Ante este panorama, Sánchez ha anunciado que España está dispuesta a enviar tropas a Ucrania si se logra un acuerdo de paz, buscando así ganar relevancia en el escenario internacional. No obstante, el Gobierno necesita la autorización de las Cortes, y cualquier debate sobre este tema terminará inundado de otras cuestiones, como la corrupción y las próximas elecciones.
Sánchez se siente cómodo mientras la atención se centra en temas internacionales, pero sabe que, en el ámbito de la seguridad y la defensa, necesita empezar a ganar votaciones en el Congreso. Su posición debe ser la de un país, no la de una parte, y eso implica buscar el consenso con el PP, Podemos y ERC. El futuro de su mandato dependerá de su capacidad para recuperar la iniciativa política y la capacidad de legislar.











