La relación con las redes sociales es un tema cada vez más debatido. Por un lado, nos conectan con seres queridos y nos brindan información, pero por otro, pueden ser perjudiciales para nuestra salud mental. Una experta decidió hacer un experimento y salirse de las redes por un tiempo, con resultados sorprendentes.
La autora del texto cuenta que siempre ha tenido una relación ambivalente con las redes sociales. Si bien le permiten mantenerse en contacto con personas a las que no ve a menudo, siente que también son dañinas para su salud mental. Tras mucho pensarlo, decidió salirse de las redes por un tiempo, algo que no fue una decisión fácil debido a los beneficios que también le aportan.
Al principio, la autora sintió una extraña sensación de vacío, ya que estaba acostumbrada a llenar esos momentos muertos con el scrolling. Sin embargo, ese vacío inicial se fue convirtiendo gradualmente en alivio. "Sin darme cuenta, había naturalizado una estimulación constante que no dejaba espacio para nada más, y al salir de ella algo empezó a desacelerarse", relata.
A medida que pasaban los días, esa sensación de vacío se volvió más llevadera, y la autora pudo utilizar esos tiempos para otras actividades como leer, escribir, pensar y contemplar. Esto le permitió darse cuenta de que había naturalizado una estimulación constante que no le dejaba espacio para nada más.
Por coincidencia, la autora leyó el libro "La generación ansiosa", de Jonathan Haidt, que le pareció muy interesante. Haidt sostiene que en la última década se ha observado un aumento marcado de la ansiedad, la depresión y el malestar emocional en adolescentes y jóvenes, fenómeno que se correlaciona con el uso intensivo de redes sociales a partir de la pubertad.
Según el autor, hemos pasado de una infancia basada en el juego libre, el contacto corporal y el aburrimiento creativo a otra dominada por el exceso de pantallas, la validación constante y la exposición pública permanente. Esta combinación genera un sistema nervioso casi siempre activado, con poco espacio para la autorregulación, y la ansiedad aparece entonces como una respuesta adaptativa a un entorno hiperestimulante.
Haidt también señala que las redes sociales tienden a ser especialmente dañinas para las mujeres, pues refuerzan el protagonismo de la imagen corporal, intensifican la comparación y exponen temas íntimos, como la maternidad, al juicio social.
La autora concluye que tal vez salirse de las redes sociales no sea la solución para todo el mundo, pero sí es importante, como mínimo, dosificar su uso, estar atentos al balance entre lo positivo y lo negativo, y sobre todo ser conscientes del precio que estamos pagando por permanecer siempre conectados.










