A solo tres días del esperado debut en el Clausura 2026, el ambiente en el Nido de Coapa es de absoluta incertidumbre. Lo que debía ser una etapa de renovación y limpieza en el plantel se ha transformado en un callejón sin salida para la directiva azulcrema, que observa con desesperación cómo su plan de bajas se desmorona frente a sus ojos. La afición exige rostros nuevos, pero las puertas de salida están bloqueadas por un conflicto interno que nadie vio venir.
La planificación deportiva se ha topado con un muro infranqueable: el rechazo sistemático de varios futbolistas extranjeros a abandonar la institución. Nombres que ya no entran en los planes de André Jardine se han aferrado a su lugar en el equipo más ganador de México, desatando una ola de críticas hacia una gestión que hoy parece pagar muy caro los errores cometidos en el pasado reciente al momento de firmar contratos.
De acuerdo con información del reportero León Lecanda de ESPN, el Club América vive un auténtico "secuestro" financiero provocado por los sueldos estratosféricos que Santiago Baños y Diego Ramírez otorgaron en su momento. El caso más crítico es el de Igor Lichnovsky; el central chileno, con contrato vigente hasta junio del 2026, rechazó ofertas de Necaxa, Pachuca e incluso de la MLS, negándose rotundamente a reducir sus percepciones económicas para facilitar su salida.
Esta situación se replica con Víctor Dávila y Rodrigo Aguirre, quienes ante la falta de voluntad para renunciar a sus lujos salariales, obligan a la directiva a mantenerlos en la nómina pese a no ser prioridad táctica. El problema radica en una escala salarial fuera de toda realidad para el 80% de los clubes en la Liga MX. Fuera de los cuatro equipos con mayor presupuesto, nadie en México puede igualar lo que el América paga, convirtiendo a estos jugadores en activos imposibles de colocar en el mercado nacional.
La consecuencia es devastadora para el proyecto deportivo: el América inicia el torneo con plazas de extranjero ocupadas por futbolistas "borrados" pero con cuentas bancarias blindadas. Esta crisis obliga a la institución a replantearse de inmediato su política de sueldos para evitar que el club siga siendo una "jaula de oro" de la que nadie quiere escapar. Sin ventas no hay refuerzos de peso, y mientras el presupuesto se drene en salarios inalcanzables, el vuelo de las Águilas seguirá lastrado por sus propios errores de oficina.












