Investigadores del U.S. Forest Service y la Universidad Estatal de Colorado están probando la eficacia de represas artificiales inspiradas en los castores para promover la restauración ecológica y mejorar la calidad del agua en zonas montañosas de Colorado afectadas por incendios forestales recientes.
El proyecto, dirigido por Tim Fegel, gestor de laboratorio de biogeoquímica y candidato a doctorado en la Universidad Estatal de Colorado, contempla la instalación de diques que imitan los construidos por castores en cuencas como Cache la Poudre y Willow Creek, dañadas por los fuegos de 2020.
Los recientes incendios en Colorado degradaron suelos, destruyeron vegetación e incrementaron la presencia de sedimentos en los cursos de agua, complicando el tratamiento del suministro potable para miles de personas. La pérdida de raíces vegetales provoca que la escorrentía y el deshielo arrastren lodo y residuos río abajo, poniendo bajo presión la infraestructura de saneamiento.
Por ello, el equipo busca medidas innovadoras para acelerar la recuperación del ecosistema y mitigar la contaminación. Las estructuras, compuestas sobre todo por ramas y troncos asegurados al lecho de los arroyos, se colocaron en puntos estratégicos de la cuenca con el objetivo de ralentizar el flujo del agua, retener sedimentos y mantener nutrientes en zonas más altas.
Según el investigador principal Chuck Rhoades, biogeoquímico del U.S. Forest Service, la ampliación de zonas húmedas propicia el crecimiento de sauces, lo que mejora el hábitat y puede favorecer el regreso de castores y otras especies. De hecho, en algunos puntos del experimento se observó la reaparición espontánea de castores tras la construcción de los diques.
No obstante, los expertos advierten sobre varias limitaciones y desafíos prácticos. Construir y mantener estas represas artificiales demanda recursos, tiempo y mano de obra especializada, especialmente si se intervienen múltiples segmentos de una cuenca hidrográfica.
Además, aún no existen datos concluyentes que permitan asegurar la efectividad a gran escala de la medida, ni sobre la magnitud de la mejora en la calidad del agua. "Podríamos estar generando algunos efectos positivos, pero quizá sin transformar radicalmente el paisaje posterior al incendio ni conseguir un avance importante en la calidad del agua", reconoció Rhoades.
El monitoreo del proyecto continuará durante los próximos años para reunir pruebas rigurosas y establecer si el modelo podría replicarse en otros territorios afectados por incendios forestales. El propósito final es que, a largo plazo, los procesos naturales predominen y se reduzca la intervención humana en la recuperación de los ecosistemas.




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