Durante el primer día del 2026, México sufrió una ola de violencia que dejó un saldo de 49 personas asesinadas a lo largo y ancho del país, según reportes de fiscalías estatales y dependencias federales. Los focos rojos se concentraron principalmente en el norte y noroeste del país, encabezados por Chihuahua con 9 víctimas y Sinaloa con 8 homicidios.
La espiral de violencia se enmarca en una disputa interna entre Los Chapitos y La Mayiza en Sinaloa, que ha elevado los índices de homicidios en esa entidad desde septiembre de 2024, particularmente en municipios como Culiacán, Navolato, Mazatlán, Cosalá y Escuinapa. La Administración para el Control de Drogas (DEA) ubica al Cártel de Sinaloa (CDS) como actor central en la producción y tráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas.
La violencia en Sinaloa también se ha extendido a Chihuahua, donde el Cártel de Juárez y su brazo armado La Línea protagonizan reacomodos internos y peleas contra células vinculadas al CDS por el control de rutas y aduanas. Otras entidades afectadas fueron el Estado de México, Nuevo León y Veracruz, con 3 casos cada una, así como Aguascalientes, Jalisco, Oaxaca y Puebla, con 2 homicidios respectivamente.
Lamentablemente, la espiral de violencia parece no tener fin en México, con focos rojos que se desplazan de una región a otra a medida que los grupos del crimen organizado se disputan el control del territorio y las rutas del narcotráfico. Ante este escenario, las autoridades se enfrentan al reto de implementar estrategias efectivas para contener la ola de homicidios y brindar seguridad a la población.











