La próxima Copa Mundial de la FIFA, que se disputará en 2026 en sedes de Estados Unidos, México y Canadá, se perfila como la edición más expansiva y compleja de la historia del torneo. Con 48 selecciones y 104 partidos, la organización del evento se enfrenta a una serie de retos logísticos y ambientales que ya asomaron durante el reciente Mundial de Clubes.
Uno de los mayores desafíos es el clima extremo que enfrentarán los jugadores. Durante el torneo de clubes, futbolistas como Reece James del Chelsea y Enzo Fernández reportaron mareos y fatiga extrema por las altas temperaturas, que en algunos partidos fueron calificadas por las autoridades como "extremas".
En respuesta, la FIFA planea utilizar más estadios cubiertos con aire acondicionado en ciudades como Atlanta y Dallas, e implementar pausas obligatorias para hidratación. Sin embargo, el sindicato global de futbolistas ya ha advertido sobre los riesgos para la salud de los atletas.
Otro frente de preocupación es la calidad de los campos de juego. Varios estadios, originalmente diseñados para otros deportes como el fútbol americano, han recibido críticas por su césped. El portero argentino Emiliano Martínez ya había tildado de "desastre" la grama temporal en Atlanta durante la Copa América 2024.
Ante esto, la FIFA está trabajando con la Universidad de Tennessee para desarrollar un césped innovador y uniforme para todas las sedes, buscando garantizar una superficie de primer nivel para los 104 partidos que se disputarán.
La Copa Mundial 2026 iniciará el 11 de junio con el partido entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca, y la final se jugará el 19 de julio en el Estadio Nueva York Nueva Jersey. La organización deberá enfrentar importantes retos logísticos y ambientales para hacer de este el Mundial más expansivo de la historia.












