Bulgaria adoptó el euro el jueves 1 de enero de 2026, convirtiéndose en el 21 país en utilizar la moneda única europea. Este histórico paso, que algunos temen que alimente la inflación y acentúe la inestabilidad política en el país, marca el final de la leva, la moneda búlgara en circulación desde finales del siglo XIX.
Miles de personas desafiaron las bajas temperaturas para asistir al tradicional concierto de Nochevieja en la capital, Sofía, donde se proyectaron imágenes de las nuevas monedas de euro búlgaras sobre la fachada del Banco Nacional.
En su discurso televisado minutos antes de la medianoche, el presidente Rumen Radev lamentó que los búlgaros no hubieran sido consultados mediante referéndum sobre esta decisión que ha dividido al país. Muchos temen que la adopción del euro conduzca a una espiral inflacionaria, después de que los precios de los alimentos ya se hayan encarecido un 5% en un año.
Sin embargo, los líderes búlgaros aseguran que la entrada a la eurozona permitirá dinamizar la economía del país, uno de los más pobres de la Unión Europea, y lo protegerá de la influencia rusa. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que "el euro aportará beneficios concretos a los ciudadanos y a las empresas búlgaras".
Paralelamente, Bulgaria se enfrenta a importantes desafíos políticos, con recientes manifestaciones anticorrupción que han derribado al gobierno de coalición conservador y la perspectiva de nuevas elecciones legislativas, las octavas en cinco años.
La adopción del euro marca un hito en la integración europea de Bulgaria, que se unió a la UE en 2007. A pesar de las preocupaciones, el país espera que esta transición fortalezca su economía y su posición geopolítica en el continente.












