El fin de año es una época marcada por la "dictadura de la felicidad", donde la sociedad se enfoca en la celebración y el consumo, dejando de lado a quienes más lo necesitan. Según un análisis sociológico, en los pueblos y ciudades del país, la solidaridad y la ayuda al prójimo suelen ser más pronunciadas en los entornos urbanos, a pesar del "anonimato" de las grandes urbes.
El sociólogo que firma el texto describe cómo, en localidades como Sona, las familias se concentran en decorar sus hogares, cumplir con los "rituales" navideños y llenar sus mesas, sin preocuparse por aquellos que pasan hambre en esas mismas fechas. "Solo 'miran por la ventana' y no se arriesgan a entrar en contacto con los 'leprosos' que no han tenido la fortuna de tener una mesa llena de rosca de pan, jamón, manzana, licor y demás", lamenta.
Esta actitud contrasta con la de algunas congregaciones religiosas y grupos de la ciudad de Panamá, que salen a repartir comida y regalos sin esperar nada a cambio. El autor sugiere que la "migración de fin de año" de la ciudad al campo podría ser una de las razones por las que la solidaridad parece más pronunciada en los entornos urbanos, ya que "si tienes la casa 'llena de visitas', ¿para qué invitar a un 'intruso de la calle' a que nos acompañe a la mesa?".
Sin embargo, el texto concluye con una crítica al "doble discurso" que se genera en torno a la "consigna de Jesús y los pobres", que se utiliza como "otro producto para exhibir en Navidad y Año Nuevo", sin que realmente se traduzca en acciones concretas de ayuda y cooperación.











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