La abrupta demolición del monumento a la presencia china en Panamá, ejecutada en la noche del 27 de diciembre de 2025, no es un simple incidente de ornato municipal, sino un síntoma de las profundas tensiones que sacuden la política exterior del país centroamericano.
El monumento, inaugurado en 2004 para celebrar 150 años de la llegada de los primeros trabajadores chinos al istmo, era más que una simple obra de arte. Representaba el legado y la contribución fundamental de la etnia china a la construcción de la modernidad panameña, desde el ferrocarril hasta el Canal de Panamá. Su demolición, ejecutada de forma inconsulta y bajo el amparo de la noche, ha provocado una crisis diplomática con implicaciones geopolíticas.
Panamá se encuentra en el ojo de la tormenta de las tensiones entre Estados Unidos y China en América Latina. Washington ha intensificado sus advertencias sobre la "maligna influencia" china en la región, y el país centroamericano, con su estratégica posición geográfica y su dependencia del Canal, se ha convertido en un campo de batalla de esta disputa.
La destrucción del monumento, calificada por el exministro de Relaciones Exteriores Jorge Eduardo Ritter como "bochornosa", no puede leerse al margen de esta retórica. Cualquier intervención sobre símbolos extranjeros en la zona del Canal, bajo la vigilancia de la Autoridad del Canal de Panamá y de los estamentos de seguridad del Estado, adquiere una carga de política exterior explosiva que trasciende lo local.
El presidente José Raúl Mulino ordenó la reconstrucción inmediata del monumento en el mismo sitio, en un esfuerzo por mitigar los daños y reafirmar la autoridad y la autonomía del Estado panameño ante la ciudadanía, los actores externos y los propios subordinados del gobierno.
Sin embargo, el hecho ya ha dejado una huella en la psiquis colectiva nacional. Defender este monumento no es tomar partido, sino un acto de respeto a la historia y la identidad de Panamá como nación. Permitir que una geopolítica de "marca territorial" dicte qué parte de nuestra identidad es conveniente conservar sería perder la verdadera soberanía que tanto costó recuperar.











