En un mundo cada vez más acelerado y mediado por pantallas, la capacidad de escuchar atentamente se vuelve cada vez más crucial. Según expertos, el acto de escuchar activamente va mucho más allá de simplemente oír, implicando conciencia, intención y presencia.
La psicóloga Consuelo Medina, docente de la Universidad Franz Tamayo, advierte que la falta de escucha activa "disminuye la confianza y provoca distorsiones en las relaciones, generando una falta de claridad en la transmisión de ideas, sentimientos o intenciones". Por el contrario, cultivar esta habilidad puede transformar la manera en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.
El psicólogo Carl Rogers promovió la escucha empática como eje de una comunicación efectiva. Medina señala que, aunque pueda parecer sencillo, la escucha activa requiere un "esfuerzo considerable" de nuestras capacidades cognitivas y empáticas. Esto implica tanto procesar con atención lo que se nos dice, como transmitir que realmente estamos comprendiendo al interlocutor.
La experta destaca ocho claves para desarrollar una escucha activa: prestar atención con todo el ser, suspender el juicio, calmar el diálogo interno, evitar dar consejos prematuros, respetar los silencios, abrazar el silencio, leer el lenguaje corporal y verificar la comprensión con humildad.
Más allá de las conversaciones personales, la escucha activa se aplica en múltiples contextos, desde debates hasta entrevistas laborales. En un entorno cada vez más digital, cultivar esta habilidad se vuelve urgente, pues no solo mejora la comunicación, sino que también transforma la manera en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.










