Cristina Pedroche afrontará este 31 de diciembre sus decimonovenas Campanadas, un número cargado de significado que coincide, además, con una etapa vital marcada por la maternidad, la reflexión y los cambios profundos. Doce campanadas, doce uvas y doce vestidos después, la presentadora siente que algo se completa, y ha concedido una entrevista en la que se ha sincerado sobre cómo afronta su noche más importante: "Son doce años, doce vestidos, doce causas, doce todo Siento que se cierra el ciclo y no sé si el año que viene daré las campanadas otra vez".
Cuando debutó ante el histórico reloj de la Casa de Correos, jamás imaginó que aquel momento se convertiría en una cita obligada para millones de espectadores ni que su vestuario acabaría siendo casi tan protagonista como el propio cambio de año. Cristina ha conseguido algo insólito: transformar las campanadas en un espectáculo en sí mismo y generar una nueva tradición doméstica, esa pregunta que se repite en miles de hogares segundos antes de medianoche: ¿qué se habrá puesto este año Pedroche?
En esta ocasión, el simbolismo va más allá de lo televisivo. "He querido hacer un vestido especial y único, algo que creo que solo voy a poder hacer yo", explica. No por falta de ideas asegura que le sobran , sino porque es consciente de que el momento es excepcional. "Por si acaso son las últimas, será mi mascletá, mi cierre final". Un broche que resume su historia profesional y, al mismo tiempo, rompe con ella.
Ese cambio tiene mucho que ver con la mujer en la que se ha convertido tras ser madre. Cristina reconoce que la versión anterior de sí misma lleva tiempo despidiéndose. "La Pedroche de antes lleva acabándose ya mucho tiempo, sobre todo desde que di a luz a mi primera hija, Laia." El primer posparto fue un terremoto emocional: la sensación de no reconocerse, de haber perdido el control y de cuestionarlo todo. "Soy muy controladora y, de repente, todo cambió. No entenderme me volvió loca," recuerda. El aprendizaje llegó cuando decidió aceptarse sin exigencias: "Ahora eres así. Abrázate y ya está."
La llegada este 2025 de su segundo hijo, Isai, ha sido distinta. Más serena, más consciente, también más fuerte. "Con Laia todo eran miedos que me paralizaban y con Isai no, porque la experiencia te da seguridad," ha admitido. Esa seguridad se refleja en su día a día, incluso en pequeñas escenas cotidianas: hablar mientras sostiene a su bebé con una mano, algo impensable para ella hace solo un par de años.
En el plano personal, el amor sigue siendo un pilar fundamental. Dabiz Muñoz volvió a pedirle matrimonio en directo en El Hormiguero con un roscón de Reyes como testigo, un gesto que emocionó a muchos. Cristina no descarta una boda, aunque reconoce que el momento vital manda: "Con dos bebés tan pequeños, creo que habrá que esperar un poco todavía. Pero vamos, ¡yo me casaba mañana mismo!" Además, le gustaría una ceremonia religiosa: "Me gustaría por la Iglesia. Por todos los sitios quiero casarme y quiero demostrar que es mi persona y que vamos a estar juntos para siempre."












