La música siempre ha sido un refugio para los venezolanos, especialmente en tiempos de crisis. En medio de la interminable ola de problemas que azota al país caribeño desde hace casi tres décadas, el tango de Carlos Gardel se ha convertido en un bálsamo para muchos.
El autor del texto recuerda con nostalgia cómo, durante su niñez en La Guaira, el tango "Volver" de Gardel y Alfredo Le Pera era omnipresente en las calles, entonado con pasión por los vecinos. Ese "himno" que alcanzaba su clímax en el verso "que veinte años no es nada" parecía tener un efecto casi mágico, capaz de conmover incluso a los más viejos del barrio.
Hoy, en medio de una crisis que parece interminable, esos versos siguen resonando como un recordatorio de que, a pesar de todo, hay esperanza. "Que febril la mirada, errante en las sombras / Te busca y te nombra. / Vivir con el alma aferrada / A un dulce recuerdo / Que lloro otra vez", escribe el autor, reflejando el sentir de muchos venezolanos que se aferran a los recuerdos y a la música como una forma de sobrellevar la dura realidad.
La crisis política, económica y social que azota a Venezuela desde 1999 ha convertido al país en un "erial", donde incluso la posesión más preciada puede ser la imagen de un "borracho vagabundo". Sin embargo, la música sigue siendo un refugio, un consuelo que les permite a los venezolanos mantener viva la esperanza de un mejor futuro.
A medida que pasan los años, la situación en Venezuela parece empeorar, y la "esperanza cada vez se va haciendo más y más diminuta". Pero aún así, los venezolanos siguen aferrándose a los versos de Gardel, buscando en ellos la fuerza para afrontar los tiempos difíciles y soñar con un mañana más próspero.


